26 oct. 2007

Hacia la construcción de un Partido Revolucionario Obrero

Por: Carlos García

Dotar al proletariado de una dirección política conciente capaz de conducirlo a la victoria, es sin duda, una de las tareas prioritarias para la vanguardia contemporánea. La crisis de dirección política revolucionaria, salta como un hecho evidente que demanda atención urgente y enérgica.
Uno de los pilares fundamentales del Marxismo es entender que la emancipación de la clase trabajadora solo puede ser fruto de su propia acción revolucionaria. Considerando que la ideología imperante en cualquier sociedad expresa los intereses de la clase dominante, queda claro que el éxito de la revolución proletaria jamás podrá surgir de la acción espontánea de las masas, sino que requiere de la dirección conciente de su vanguardia al mando de un Partido Revolucionario Obrero, concebido bajo el modelo leninista de centralismo democrático, que promueve la disciplina consciente de sus elementos individuales, para conseguir la integridad ideológica y política de la que emana su comprobada capacidad combativa.

Echando un rápido vistazo al caso peruano en particular, la carencia de orientación del movimiento popular bajo directrices revolucionarias, ha traído entre otras consecuencias, que un sector importante de las masas enardecidas, se hayan alineado con programas ajenos a sus intereses, encandilados por el discurso seudo radical de los autodenominados “antisistemas”.
Comenzaremos reconociendo que en el Perú, el movimiento obrero, campesino y estudiantil se encuentra desarticulado, carente de dirección revolucionaria efectiva. Esta situación constituye la herencia nefasta de la sangrienta represión sufrida por más de dos décadas. Periodo en el cual, las huestes de los genocidas García y Fujimori se encargaron de rotular como “Terrorismo” todo planteamiento de transformación estructural de la sociedad. Para tal efecto, contaron con la brutal complicidad de las fuerzas armadas, y el auxilio presto de la maquinaria de ideologización burguesa, prensa escrita, radio y televisión; que no dudó en descargar indiscriminadamente sus baterías en contra del proletariado organizado, sus principios y su vanguardia.

Por su parte, el accionar de aquellos elementos que pretendieron anteponer la insurrección guerrillera a la organización política de clase, terminó acentuando el distanciamiento de las masas respecto a la senda revolucionaria. Adversa situación que sólo podrá superarse a través de un trabajo paciente y permanente de movilización y concientización.

En el ámbito internacional, la caída de la Unión Soviética y los regímenes seudosocialistas de Europa del Este, así como la conversión de China al capitalismo, sirvieron a la burguesía para levantar el acta de defunción del Socialismo. Progresivamente el neoliberalismo fue ganando terreno casi sin encontrar resistencia, lo cual no se limitó al ámbito económico y político, consiguiendo penetrar ideológicamente en un amplio sector de las masas, carentes de orientación y sin un aparato orgánico centralizado capaz de dirigirla.

Pero como la historia ha demostrado y seguirá demostrando, la vanguardia proletaria jamás ha podido ni podrá ser aniquilada por completo. Ya que siempre habrá un sector dispuesto a trasformar las condiciones de vida de su sociedad, por encima de cualquier sacrificio.

Agrupación de elementos revolucionarios:
En el transito hacia la construcción partidaria y teniendo en cuenta la actual fragmentación en la que se encuentra la vanguardia, es posible distinguir distintas fases de desarrollo orgánico. En un primer momento, los revolucionarios dispersos y en proceso de desarrollo, comienzan a agruparse y organizarse; son estas agrupaciones las que se lanzan a la tarea formativa de cuadros, captando a los elementos más desarrollados del proletariado, reanimando progresivamente su militancia política.

En esta etapa, es de suma importancia que las jóvenes agrupaciones revolucionarias no pasen por alto la existencia de otras en similar condición, considerando la posibilidad de establecer diversos grados de colaboración como parte importante de su desarrollo político.
De la agrupación al Partido:Al plantear el acercamiento y colaboración entre grupos revolucionarios, es necesario dejar en claro que no significa una fusión antojadiza o ecléctica. Una coalición superflua nada tiene de revolucionaria ni vanguardista, siendo por el contrario, una práctica propia de la política burguesa, clara manifestación de los apetitos circunstanciales que la motivan.

Resulta claro que, la plena unidad revolucionaria no puede surgir de la mera aproximación de elementos, sino que debe contar con una sólida base teórica y programática. Al respecto, hay quienes sostienen que el debate entre las diversas tendencias revolucionarias, se ha venido dando en nuestro medio a lo largo de los años, evidentemente con altibajos, pero sin extinguirse; superando la represión y la descomunal campaña de desprestigio que soporta la teoría del proletariado. Quienes afirman esto tienen razón, confrontación teórica sin duda ha existido y existe, pero el revolucionario no vive para el debate academicista, esa no es su razón de ser. El debate, sólo es un instrumento para alcanzar un fin político; ya que la teoría, por más acertada y rigurosa que sea, si se encuentra inconexa de fines prácticos de nada sirve, condenándose a la esterilidad.

En definitiva, el debate ideológico y programático es imprescindible para establecer aspectos fundamentales de confluencia en torno a los cuales gravitará, la conformación de un Frente Revolucionario, y la posterior unificación orgánica que ha de plasmarse en un Partido Revolucionario Obrero.

Frente Revolucionario:
El Frente Revolucionario, tiene como propósito estimular acciones coordinadas entre las diversas organizaciones revolucionarias, tales como agitación y propaganda, definiendo su línea política fundamental al interior de huelgas, marchas de protesta y otras manifestaciones de lucha popular; constituyendo un importante espacio de “contacto real” para los elementos de la vanguardia.

Resulta claro que un Frente Revolucionario obliga necesariamente a conciliar la acción de elementos con diferentes niveles de conciencia e incluso concepciones un tanto distintas respecto a la manera como debe conducirse el tránsito hacia el comunismo. Sin embargo, tampoco debemos pensar que se trata de algo parecido a un “acuerdo diplomático” entre organizaciones con diferencias fundamentales. De ser así, significaría un claro retroceso político, como bien demuestra la historia.

En principio, jamás debemos olvidar que un Frente Revolucionario, descarta cualquier propuesta de reforma del orden vigente, admitiendo como única posibilidad de superación social, la erradicación de las relaciones sociales de producción en las que se sostiene el capitalismo. Colocándose en la antípoda de los denominados “Frentes Amplios”, que por el contrario fomentan la conciliación de clases y la absurda esperanza de humanizar el modo de producción vigente.

Dentro de éste Frente, las tendencias participantes despliegan abiertamente sus propias consignas y tácticas políticas; pero manteniendo una definida e inquebrantable posición revolucionaria. De lo contrario se caería en el nefasto vicio conciliador que tanto daño ha hecho y hace al movimiento popular.

Podría pensarse que no existiendo un total acuerdo programático dentro del Frente Revolucionario, el camino hacia la construcción de un Partido se hace demasiado largo e incluso con incierto desenlace. Pero debemos tener en cuenta que dentro de éste Frente, tarde o temprano deben prevalecer aquellas posiciones plenamente revolucionarias, las cuales no solo deberán coexistir sino articularse.

El Frente Revolucionario y el Frente Único Obrero:
La táctica del Frente Único Obrero expresa claramente la valiosa premisa política que nos legara el camarada Lenin: “golpear juntos, marchar separados” y cuya vigencia es incuestionable. En el FUO, lo que se busca es aprovechar la tendencia natural a organizarse que posee la clase obrera, así como la aspiración de unidad para defender sus reivindicaciones, aunque por lo general sean conquistas inmediatas o parciales. El Frente Revolucionario, de ninguna manera debe tomarse como sustituto del FUO, ya que sería ignorar a los sectores más atrasados de la clase trabajadora. Siendo ambos frentes, instancias distintas e imprescindibles de lucha política, en las que la vanguardia debe bregar intensamente en la actualidad.

Trabajar por la unidad de las organizaciones obreras para “golpear juntos” a la burguesía, va de la mano con la denuncia ante las bases, del pernicioso accionar de aquellos dirigentes que han traicionado la lucha del proletariado. Y crear las condiciones para la erradicación definitiva de quienes se han convertido en verdaderos agentes de la burguesía al interior del movimiento obrero.

Para los revolucionarios, el Frente Único Obrero no constituye un llamado a la “unidad absoluta” con todas las tendencias, porqué significaría no sólo renunciar a principios fundamentales, sino también claudicar ante el reformismo que hoy pretende colocarse a la cabeza del movimiento popular. Dentro de un Frente Único, aún trabajando por la unidad, los revolucionarios en todo momento deben mantener la independencia de su línea política, expresándola claramente en su discurso y plasmándola sin dubitación en la acción.

Así mismo, la actual fragmentación de la vanguardia, ha traído como consecuencia que ante los ojos de las masas carentes y ansiosas de dirección, las diferencias fundamentales entre quienes luchan por la revolución estructural y aquellos que solo proponen una reforma política, tiendan a desvanecerse bajo el influjo propagandístico de la revitalizada coalición reformista; este hecho debe ser corregido con prontitud y decisión como parte del proceso de concientización de masas. Por lo tanto, la presencia de un Frente Revolucionario, permitiría otorgar notoriedad y definición a la acción política de sus elementos, en abierta e indoblegable oposición al oportunismo reformista en sus variopintas manifestaciones.

La Vanguardia y El Partido:
Un Partido Revolucionario Obrero, no es otra cosa que el mecanismo para orientar la incontenible energía de las masas en ascenso revolucionario. Sin este instrumento político, el proletariado no será capaz de marchar concientemente, ni de alzarse por encima de manifestaciones espontáneas, ni dejar de ser presa fácil de la manipulación burguesa en sus distintas modalidades.

La tarea de la vanguardia es conducir a la clase obrera, concientizándola pacientemente, movilizándola decididamente, organizándola políticamente. Es decir, otorgarle un sentido de lucha bajo un programa propio, los atajos políticos han demostrado ser inservibles y se han visto traducidos en claros retrocesos. El instrumento político imprescindible para la Revolución es sin duda el Partido, mismo que traduce y defiende los intereses históricos del proletariado.
La vanguardia jamás debe ir tras los movimientos espontáneos, sino por el contrario, debe buscar comprender su naturaleza para dirigir efectivamente la incontenible fuerza de las masas hacia el único desenlace posible, el triunfo definitivo de la Revolución Mundial.

Articulo publicado en Tribuna Clasista Nº 1, Septiembre 2007 (Lima – Perú)http://es.groups.yahoo.com/group/tribuna_clasista tribuna_clasista@yahoogroups.com

1 comentario:

Jayro dijo...

Saludos revolucionarios, estamos con ustedes por la formacion del partido comunista intencional.
Nos apuntamos al debate
Jayro Ninantay
amarunet@hotmail.com