10 dic. 2008

El movimiento de los trabajadores debe mantenerse clasista, independiente y combativo

Superar la dispersión, quebrar la sujeción que las burocracias sindicales y los partidos reformistas ejercen sobre el movimiento de masas, combatir el oportunismo, abandonar el sectarismo y construir un verdadero partido marxista, son tareas que la emergente vanguardia proletaria necesita asumir.

Sin embargo, son escasos los grupos u organizaciones que declarándose clasistas, socialistas y hasta comunistas, no bailan al son que toca la vieja burocracia coaligada con la fracción nacionalista de la burguesía. Sacrificando la línea de clase que debería constituir la piedra angular de su política, negando la necesidad de construir un Partido Revolucionario que conduzca al Proletariado hacia su emancipación definitiva.

De los despojos del revisionismo stalinista nada podemos esperar, su dependencia de la burguesía y su Estado sólo puede ser combatida. Por lo que la voz de alerta va dirigida a hacia las jóvenes militancias, cuyo potencial se desperdicia gracias a las seniles dirigencias empeñadas en transitar una y otra vez por el rumbo colaboracionista.

El discurso reformista apunta a mostrarse como contestatario y polarizador. De hecho, la polarización política es imprescindible y además inevitable, pero no entorno a modelos económicos dentro del marco capitalista, sino entre dos sistemas internacionales que se excluyen por definición: el capitalismo y el socialismo. El reformismo pretende desorientar a las masas y convencerlas de que la contienda se da entre un modelo neoliberal, salvaje y depredador, y otro verdaderamente “democrático” y “participativo”. Por el contrario, para todo revolucionario la polarización responde a los intereses de clase de la enorme masa trabajadora, en choque frontal con los intereses de los distintos sectores de la burguesía, parásita y minoritaria.

Los “socialistas” capituladores postulan que es en un frente de conciliación de clases donde debemos confluir todos los opositores al Imperialismo y a su modelo neoliberal, conformando un movimiento para una suerte de “reingeniería” del Estado Burgués, que lo convierta en expresión sublime de una democracia participativa. Así supuestamente avanzaríamos en la lucha por nuestros objetivos de clase. Pero todo esto no es más que una ilusión que desorienta completamente al movimiento obrero y popular, obligándolo a asumir posiciones que lo conducen a la derrota.

En lugar de combatir a la clase dominante con una política de frente único proletario, las direcciones de la CGTP, la CUT y los partidos reformistas, han creado la Coordinadora Político Social (CPS). Está claro que la CPS nace con el único propósito de que la burocracia le imponga a las masas una política de colaboración con la burguesía. Este organismo busca encumbrar como líder electorero al reaccionario Comandante Ollanta Humala, colocándolo sobre la cresta de las crecientes movilizaciones populares. El juego es sencillo: llamar a la “unidad” y contar para las contiendas del 2010 y 2011 con un bloque de “hermandad” antineoliberal. Por tanto, a la CPS debemos verla como es: un aparato pre - electoral que progresivamente irá extendiendo sus tentáculos hacia cualquier espacio opositor al gobierno, burgués o no, con el fin de anexarlo a sus propósitos, tal como ya sucedió con la primera reunión de la Asamblea Nacional de los Pueblos (ANP) donde la vedette de la fiesta fue sin duda el “líder” - candidato, quien abrió esa farsa conciliadora con su acostumbrada perorata.

A pesar de esa unanimidad antineoliberal para la reforma y la supervivencia del Estado burgués, al interior de estos aparatos jamás encontraremos consensos coherentes, pues los intereses particulares de sus componentes se expresan en sectarismos incurables y rencillas desleales. Lo cual reviste mayor gravedad si consideramos que esto podría arrastrar a la joven generación que por el momento tiene como único referente político a los aparatos revisionistas, o a otros remanentes que ellos dejaron desperdigados por el camino.

Como indicador de este riesgo tenemos la convocatoria a la movilización anti-APEC del 22 de noviembre, donde los grupos juveniles convocantes han sido abandonados por las direcciones sindicales que desmovilizan a las bases trabajadoras, pero sin embargo el concierto preparado para la ocasión ha terminado absorbido como parte del mitin de la CPS del viernes 21. En adición, quienes editamos la revista Tribuna Clasista - y otros grupos también - hemos sido incluidos en la propaganda de convocatoria a la movilización del sábado 22, no habiéndola suscrito, mientras algunas organizaciones de la CPS aparecen firmando por partida doble o triple. La persistencia de este tipo de métodos stalinistas es una pésima experiencia para los nuevos activistas del movimiento popular.

No convocamos oportunistamente a ningún acto con el Partido Nacionalista burgués y su alianza con la traidora burocracia reformista (CPS). Nos ratificamos en la lucha por la formación de asambleas populares y órganos de autodefensa de masas, por la construcción de un partido revolucionario de todos los trabajadores, por un programa revolucionario para forjar el poder del proletariado y por la huelga general indefinida para materializar ese poder.


21 de noviembre de 2008

Revista Tribuna Clasista
tribuna_clasista@yahoo.es

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