8 oct. 2008

Sobre la Lucha Antiimperialista (II)

EL RELOJ DICTADOR
En las últimas décadas ha entrado en juego en el desarrollo de la conciencia revolucionaria del proletariado, un elemento de juicio antes relegado al ámbito de la premisa teórica. Al respecto Karl Marx escribía hace más de 160 años: “La universalidad del hombre se manifiesta prácticamente en la universalidad por la que toda la naturaleza inorgánica es hecha su cuerpo inorgánico, en tanto que es su alimento inmediato y en cuanto que es la materia, el objeto y el instrumento de la actividad vital del hombre (...) Que el hombre vive de la naturaleza significa que la naturaleza es su cuerpo.” Manuscritos de 1844. Y es que el hombre con el desarrollo de sus fuerzas productivas ha conseguido anexarse la mayor parte de la naturaleza, por lo que el curso de la sociedad inevitablemente arrastra consigo al resto del planeta.

El breve fragmento tomado de los “manuscritos…” no sólo sirve para describir el dominio del hombre sobre el medio ambiente; sino que resume muy bien un hecho evidente para cualquier persona medianamente sensata: El planeta está sufriendo un grave deterioro, en algunos casos irreversible, como consecuencia del uso irracional los recursos disponibles.

La grave situación que debemos enfrentar, pone en relieve la urgencia de avanzar con paso firme hacia la construcción de una sociedad nueva que supere la vorágine destructiva derivada del capitalismo. La propia naturaleza parece propinar un merecido bofetón a quienes persisten en defender políticas reformistas de comprobada ineficacia. El tiempo apremia, y no hay lugar para ensayar funestas fórmulas colaboracionistas, ni argumento válido que sostenga la posibilidad de domesticar el capitalismo, humanizarlo, hacerlo participativo o como quieran llamarlo. Repetir los errores del pasado es un lujo que hoy no tenemos si acaso alguna vez el reloj de la historia nos lo permitió.

De igual manera, pierde cualquier asidero teoricista el sectarismo en todos sus grados y formas. Es inadmisible la parálisis de quienes consideran que la mayor “virtud” de un revolucionario es saber esperar paciente y sin mayor sobresalto que las condiciones objetivas y subjetivas, por sí solas, alcancen el punto justo de maduración para recién trabajar por la Revolución.

CRISIS SIN PRECEDENTES
El problema del deterioro ecológico ha rebasado los círculos especializados donde solía ser tratado, debido a que el desequilibro climático, el deshielo glaciar, la contaminación de importantes fuentes de agua y muchos otros trastornos han surgido como anuncios de una posible catástrofe ambiental. Para nadie es un secreto que la humanidad enfrenta un problema sin precedentes.

El efecto invernadero, causante del creciente calentamiento global, ha surgido como consecuencia directa de la incesante emisión de dióxido carbono desde inicios de la era industrial. Y contrariamente a lo que se suele pensar, no es un fenómeno del que tengamos conocimiento reciente, ya en 1896 las investigaciones del físico químico sueco Svante August Arrhenius revelaron que los combustibles fósiles eran capaces de acelerar el calentamiento natural de la tierra, vale decir que hace bastante tiempo estos combustibles debieron haber sido sustituidos por fuentes de energía más limpias; sin embargo, hasta la fecha el petróleo es una de las bases de la economía capitalista; gobiernos se sostienen completamente y otros se derrumban a causa del “oro negro”, cobrando cada año millones de vidas inocentes.

El capitalismo monopólico, el imperialismo en expansión creciente, con voracidad insaciable convierte en mercancías cualquier fruto del hombre y la naturaleza. La voceada “ley de la selva” promovida por el inefable Alán García, es una muestra cercana de cómo el gran capital, carente de toda visión a largo plazo, pretende poner sus garras sobre cualquier recurso natural con el único propósito de prolongar su existencia.

Resultaría muy extenso desarrollar todas las formas por las que el capitalismo desgasta el complejo sistema terrestre; relaves mineros, deforestación, uso de armas químicas y radioactivas, producción transgénica, etc. La humanidad jamás ha vivido un escenario tan desfavorable, y esto ha llamado la atención de muchos sectores de la sociedad que vienen planteando diversas alternativas para detener el grave daño que sufre el planeta; pero la mayor limitación de la mayoría de propuestas ecologistas bienintencionadas es que no rebasan los límites del capitalismo, siendo incapaces de implementar soluciones exitosas a gran escala.

Los mercados son insuficientes, la tasa de ganancia del capital se desploma, desesperadamente la burguesía debe echar mano de todo cuanto les permita sostener la economía, no sólo la fuerza de trabajo obrera sino la naturaleza misma. ¿Podemos detener esta dinámica desde el propio capitalismo?: simplemente imposible.

REFORMA O PERPETUIDAD CAPITALISTA
Es evidente que las variadas y a menudo exóticas fórmulas que pretenden perpetuar el capitalismo se oponen completamente a la superación de sus contradicciones. En esa línea encontramos a diversos sectores de la burguesía nacional que con nuevos bríos pugnan por colocarse a la cabeza del movimiento popular, promoviendo la creación de un capitalismo humanizado, “antagónico” dicen al imperialismo depredador y sanguinario. Esta ofensiva reaccionaria pretende venderle a las masas la idea que el capitalismo posee una capacidad inagotable de “relanzamiento”, es decir, para superar las crisis que periódicamente y con mayor fuerza lo remecen desde sus cimientos.

Aunque los mal llamados “progresistas” se empeñen en ocultarlo, existen aspectos que los emparentan con los teóricos más reaccionarios, propagandistas a sueldo del imperio. Y es que ambos, a su forma, defienden la posibilidad de superar la crisis del sistema sin necesidad de transformar la base estructural de la sociedad. Los Keynesianos, por ejemplo, consideran que el problema de fondo es la caída en el consumo del mercado, que termina perjudicando las ganancias de las empresas y por consiguiente la inversión y el empleo; llegando así a la conclusión, que la intervención estatal a través del gasto público y los subsidios, es la mejor manera de superar los reveces “temporales” de la economía.

Análogamente, los reformistas sin importar el ropaje con que se cubran, básicamente aspiran a conformar una burocracia capaz de intervenir en la economía de mercado, resolviendo así cualquier contratiempo que pudiera presentarse; actuando además, como “árbitro” entre las clases sociales con el propósito de “atenuar” sus antagonismos. Sobre esta base, los “progres” han ensayado una serie de fórmulas de reforma del Estado Burgués, las cuales siempre terminaron en serios reveses para la clase trabajadora.

El origen de las crisis
Las crisis periódicas surgen cuando la tasa de ganancia de los capitalistas se desploma. Esta caída tiene un origen contradictorio pues es consecuencia del propio impulso del capital para incrementarse a través del aumento de la productividad de la fuerza de trabajo.

Ahora bien, los capitalistas elevan la productividad principalmente a través de la automatización tecnológica, lo que implica una mayor proporción de capital constante, maquinarias e insumos, en relación a la cantidad destinada a comprar fuerza de trabajo. Entonces, si consideramos que la explotación del trabajo asalariado es la fuente de acumulación del capital, se revela porqué esta mayor cantidad de mercancías no genera los beneficios que el capitalista desearía, ocasionando que la inversión se detenga y el consiguiente aumento del desempleo.

Jamás debemos olvidar que bajo el capitalismo la economía arrastra a los sujetos que intervienen en ella, incapaces de alzarse sobre sus leyes, para quienes el proceso antes descrito aparece simplemente como un desequilibrio entre la oferta y la demanda, consecuencia del supuesto descenso en la capacidad de consumo de las masas, tal como profesan los discípulos de Keynes.

La confrontación de estos postulados económicos, nos sirven para diferenciar dos posiciones, de las que se derivan líneas políticas claramente incompatibles. Distinguimos a quienes creen que la reforma del Estado burgués permitirá incidir efectivamente sobre el curso de la economía, y a quienes reconocen a la anarquía de producción y cambio inherente al capitalismo, como el origen de la tendencia a la sobreproducción de mercancías y todos sus efectos negativos.

REFORMISTAS “PROGRES” Y NEOLIBERALES ¿ANTAGÓNICOS?
Como es su costumbre los “progres” reformistas, supuestos abanderados de la “unidad” antiimperialista y paladines de la lucha en contra del voraz neoliberalismo, enmascaran con encendidos discursos su real intensión: extender lo que más se pueda, ojalá para siempre, el orden de explotación burgués. Lo que explica porqué la “nueva izquierda” Latinoamericana no tiene la menor intención de expulsar a las transaccionales, sino por el contrario busca asociarse con ellas.

En Venezuela, Hugo Chávez ya se quitó la careta completamente, hoy lo vemos enfrentado a las organizaciones obreras independientes; el discurso antiimperialista, o mejor dicho antinorteamericano, “unificador” y “reivindicativo”, ya no le sirve para ocultar el carácter burgués de su régimen. Quedando demostrado que el “socialismo del XXI” sólo era un rótulo ostentoso para seducir a las masas ansiosas de cambios sociales profundos.

En Bolivia por su parte, el gobierno ha sido incapaz de concretar una política de expropiación en contra de los latifundistas, así como la nacionalización completa, sin indemnizaciones, de las transnacionales. La laxitud de su proceder, típica de quienes no cuestionan la estructura misma de la sociedad, ha convertido al régimen de Evo Morales en presa fácil de los sectores más reaccionarios de la burguesía. En el país altiplánico jamás se aplicó una política revolucionaria orientada a elevar el de nivel conciencia y organización de los trabajadores, por el contrario, desde un principio se optó por el camino de la conciliación de clases, que finalmente condujo a Morales y cía. a una posición en la que deberá elegir entre someterse completamente a la oligarquía pro imperialista o esperar su derrocamiento.

Estos dos ejemplos nos muestran que si bien el reformismo en un determinado momento puede contar el respaldo del movimiento de masas, tarde o temprano, termina perdiéndolo como consecuencia directa de su intrascendente y zigzagueante política.

LA “NUEVA” IZQUIERDA Y LA TÁCTICA ELECTORAL:
Durante su trayectoria, la denominada izquierda “oficial” no ha sido capaz de resistirse a la seducción electorera, sintiéndose más que satisfecha cumpliendo la función de “relleno” en aquellos espacios dejados por los peones del imperialismo, primeros interesados en que la farsa electoral burguesa se realice sin sobresaltos.

Los “caviares”, siempre se han caracterizado por ser prolíficos creadores de novedosas categorías políticas y tácticas electorales. Para desarrollar esta capacidad creativa les ha sido de mucha utilidad la caracterización política bipolar: izquierda – derecha. Misma que les permite justificar numerosas alianzas políticas; cualquier tipo de maniobra sería válida para deteriorar “en algo” a la extrema derecha, a los lacayos del Imperio.

Cierto es que en principio la táctica electoral no puede descartarse de plano de la práctica revolucionaria, entendiendo que ella debe surgir del “análisis concreto de situaciones concretas”, tal como lo demostraron los bolcheviques durante todo el proceso que desembocó en la toma del poder, donde pudo apreciarse “La sucesión de los métodos de lucha parlamentarios y no parlamentarios, de la táctica de boicot del parlamento y de participación en el mismo, de las formas legales e ilegales de lucha, así como sus relaciones recíprocas y los vínculos existentes entre ellos (…)” (Refiriéndose al periodo comprendido entre 1905 – 1907) La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo Lenin - 1920

Los revolucionarios no pueden desperdiciar las grietas que pudiera presentar el sistema político burgués, procurando sacar provecho a todas las posibilidades legales que se presenten, tal como sucede con el supuesto “derecho” a la libertad de pensamiento, reunión o de huelga. Sin embargo, la participación en una contienda electoral tiene implicancias que no deben ser tomadas a la ligera. Supongamos que en las condiciones actuales un elemento o grupo, seguramente reducido, de revolucionarios consiguieran ocupar algún puesto dentro del Estado burgués, sin duda al cabo de poco tiempo serían desprestigiados y expectorados; logrando sobrevivir sólo de forma marginal sin prestar servicio alguno a la Revolución y lo que es peor, alimentando la farsa de un régimen burgués participativo y democrático.

La táctica electoral estaría plenamente justificada en caso el Proletariado organizado se encontrase en condiciones de propinar duros golpes a la burguesía y sus instituciones, convirtiéndose así en un medio válido para acelerar su descomposición. Por el contrario, quienes consideran la participación electoral como un recurso efectivo e inmediato para “desgastar” el poder de la burguesía, ignoran que esta táctica si no se encuentra supeditada a una estrategia mayor, los convierte en simples oportunistas que harían cualquier cosa por mantener la “posición ganada” en el seno político del enemigo.

BIPOLARIDAD: LA IZQUIERDA Y LA DERECHA:
¿Izquierda, Derecha?, esta caracterización forzada e insuficiente, si pretendemos aplicarla más allá de circunstancias específicas, ha llevado a que muchos consideren a la ideología política y su programática como un abanico de posibilidades en un mismo plano, negando así la piedra angular del marxismo: La lucha de clases.

Esta bipolaridad alimenta la errada creencia que entre la izquierda y la derecha, es posible la coexistencia de abundantes matices, como escalas de grises entre el blanco y el negro, los cuales dependiendo de su cercanía o parentesco podrían establecer diversos grados de entendimiento y colaboración.

El enorme peligro que entraña entender la política bajo esta óptica radica en dejar de lado las diferencias de forma y fondo entre la política burguesa reaccionaria y la Proletaria Revolucionaria. Ya que no sólo persiguen objetivos distintos, antagónicos e incompatibles, sino que su marcha difiere diametralmente. Las motivaciones, la psicología, la propia concepción del mundo, distan muchísimo entre un elemento revolucionario y otro al servicio de la reacción, por lo que resulta un despropósito colocarlos en el mismo plano.

La caracterización bipolar además del alto grado de subjetividad, cuenta entre sus mayores defectos, el no permitir apreciar que las variantes políticas son en realidad tendencias que se gestan tanto al interior de la política proletaria como burguesa y que en ambos casos deberá imponerse por necesidad el programa que mejor traduzca los intereses de la clase a la que pertenezca.

La bipolaridad política sirve para justificar una concepción errónea de la lucha antiimperialista; donde todas las posiciones “enemigas” del Imperio, están llamadas a colaborar y marchar bajo un mismo programa, debido a la supuesta proximidad de sus aspiraciones. Si preguntamos: ¿bajo que programa debemos marchar los revolucionarios?, ¡bajo el programa antiimperialista! responden los conciliadores oportunistas hinchando el pecho lo más que pueden. Si continuamos interrogando ¿Cuál es el carácter de clase de dicho programa?, ¡Divisionistas! denuncian furibundos. Y es que para ellos, es el momento de vivir al margen de la lucha de clases.

ANTIIMPERIALISMO: LA VANGUARDIA Y EL MOVIMIENTO DE MASAS
Como hemos visto, durante el imperialismo el modo de producción capitalista ve agradabas sus contradicciones como nunca antes en su historia; el capital se concentra en las manos de un puñado de corporaciones transnacionales que terminan por definir el curso de la política y economía mundial, apoyándose en aparatos que rebasan todas las fronteras nacionales. Por lo tanto, a la globalización burguesa los revolucionarios debemos responder con Internacionalismo Proletario. Las organizaciones de vanguardia deben buscar convertirse en corrientes internacionales o vincularse a las ya existentes, propiciando la confrontación teórica y programática con el fin forjar la futura Internacional Comunista.

Así mismo, es urgente que en cada país, los revolucionarios venzan la dispersión en la que se encuentran, tengamos presente que esta situación, consecuencia del duro golpe propinado por la reacción burguesa, no puede convertirse en un auto aislamiento sectario. Especialmente en el Perú enfrentamos una dispersión extrema, siendo imperiosa la necesidad de propiciar el acercamiento y debate constructivo con miras a fraguar un Partido Revolucionario Obrero. Ya que sin él, los levantamientos populares e incluso situaciones pre revolucionarias que surgirán con mayor frecuencia e intensidad, inevitablemente serán puestas al servicio del reformismo burgués y su seguidilla de traidores oportunistas.

La lucha antiimperialista y hay que repetirlo cuantas veces sea necesario, no se distingue del choque frontal contra toda la burguesía, ¡no existe componente progresista en las burguesías oriundas!, esa idea hay que arrancarla de raíz. Las políticas conciliadoras, sólo juegan a favor de la permanencia del dominio burgués, interfieren seriamente con el desarrollo de la conciencia del Proletariado y menguan su capacidad de organización y acción política.

Los hechos hablan por sí solos, las mejoras inmediatas que eventualmente pueden ser otorgadas a los trabajadores bajo parámetros conciliadores, únicamente se logran a cambio de penosas concesiones y graves retrocesos. ¡Basta de embustes al proletariado y a todos los oprimidos!

Los elementos revolucionarios dispersos deben nutrirse de las lecciones que les brinda la historia y trabajar arduamente para convertirse en una vanguardia organizada y sólida, capaz de colocarse a la cabeza del proletariado y todos los oprimidos por el orden burgués, conduciéndolos sin dubitación por el cauce de la construcción de una nueva sociedad.

Carlos García

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