8 oct. 2008

COREP - 1º MAYO 2008

Por la revolución socialista mundial
Por una Internacional obrera revolucionaria



El capitalismo en decadencia conduce a la humanidad a la barbarie
Motines del hambre acaban de estallar en Egipto, Camerún, Costa de Marfil, Senegal, Burkina Faso, Etiopía, Indonesia, Madagascar y Haití. Mientras la inflación se generaliza, el crecimiento económico se frena en los Estados Unidos, lo que implicará probablemente una recesión mundial. Los bancos centrales (FED, BCE, BoE...) corren en ayuda de los bancos privados que sangraron a los proletarios norteamericanos o británicos y que se han estafado mutuamente. Una fase de expansión económica, que se apoyaba sobre bajos tipos de interés, sobre los gigantescos gastos militares norteamericanos (600 mil millones de dólares este año) y sobre la explotación de centenares de millones de trabajadoras y trabajadores chinos por las grandes empresas capitalistas del mundo entero, se acaba.

El modo de producción capitalista ha cumplido hace tiempo a su rol histórico: desaparecer las relaciones sociales arcaicas, impulsar la ciencia y la técnica, superar los particularismos locales gracias a los Estados nacionales, desarrollar la industria, los transportes, y crear un mercado mundial... Luego el capital se concentró y se internacionalizó de manera irreversible. El capitalismo entró así en su fase de decadencia, el imperialismo. Los grupos capitalistas surgidos de este proceso no cesaron por tanto de competir y su lógica es más que nunca "financiera": personifican por excelencia el capital que no tiene otra lógica que aumentar en su provecho la plusvalía social en forma de ganancias.

Con la delegación de la dirección efectiva de las grandes empresas a directores asalariados, los poseedores de acciones se convierten más y más en parásitos sociales. El carácter parasitario del capitalismo en declive es acentuado por la hipertrofia de las finanzas, por la multiplicación de actividades socialmente superfluas (la publicidad...) o incluso destructivas (los armamentos...). A pesar del grado elevado de la ciencia y la técnica, una proporción importante de los productores no dispone de una vivienda decente, tiene un acceso reducido a la salud, a la instrucción, a la cultura; millones de seres humanos no tienen agua potable ni alimentos suficientes. La investigación está al servicio de la guerra y de la especulación, en tanto que el oscurantismo florece. La informática sirve para espiar a los individuos, para controlar a los productores y para intensificar el trabajo. Las empresas se convierten en multinacionales, mientras que los políticos burgueses mantienen el nacionalismo y la xenofobia. Los capitales y las mercancías circulan libremente, mientras que los desplazamientos de seres humanos están limitados y a veces prohibidos. La acumulación del capital y la búsqueda del beneficio ponen en riesgo el hábitat mismo de la especie humana.

La estrechez de las fronteras y la propiedad privada de los medios de producción, obstaculizan el desarrollo de las fuerzas productivas de la humanidad. La supervivencia del capitalismo genera una sucesión ininterrumpida de guerras y crisis económicas. En menos de veinte años: bombardeo e invasión de Irak por la ONU en 1991, guerra civil en Georgia en 1991, guerra de reparto de los Balcanes de 1991 a 1999, guerra civil en Afganistán en 1992, guerra civil en Argelia en 1992, crisis monetaria en Europa en 1993, genocidio en Ruanda en 1994, crisis económica en México en 1994, guerra civil en Congo-Zaire en 1996, crisis económica en el sudeste asiático en 1997, crisis económica en Rusia en 1998, segunda guerra de Chechenia dirigida por Rusia en 1998, guerra entre 9 Estados de África de 1998 a 2002, bombardeos de Serbia por la OTAN en 1999, crisis bursátil mundial en el 2000, invasión de Afganistán por la OTAN en 2001, crisis económica en Argentina en 2001, crisis económica en Turquía en 2002, guerra civil en Costa de Marfil en 2002, bombardeo e invasión de Irak en 2003, guerra civil en Sudán en 2003, invasión de Líbano por Israel en 2006, crisis bancaria en 2007, guerra civil en Kenia en 2008...

Las crisis económicas, en las que los trabajadores asalariados son las primeras víctimas, son inevitablemente engendradas por las contradicciones del capitalismo. Sirven de solución temporal a la sobre-acumulación de capital, mediante la destrucción de una parte de éste. Las guerras desempeñan el mismo papel. Por otro lado, los arsenales de armamentos pueden solucionar temporalmente los problemas de excedente. De hecho, el militarismo es inseparable del imperialismo. La posición del capitalismo norteamericano se ha debilitado considerablemente desde la posguerra. El poder estadounidense, sea demócrata o republicano, intenta siempre utilizar su supremacía militar para ejercer el control de las materias primas, consolidar su soberanía sobre los países dominados, trabar a sus competidores imperialistas (Japón, Alemania, Francia…), e impedir que los países capitalistas “emergentes" (China, Rusia, Brasil...) se conviertan en rivales, en potencias imperialistas.

El resultado es siniestro. La prensa norteamericana acaba de revelar que la administración Bush, que pretende personificar la democracia y extenderla en el mundo, organizó la tortura hasta en detalle en la primavera de 2002. La infraestructura de Irak quedó destruida, el país se hundió en la guerra civil religiosa. Afganistán vive de la cultura de la amapola y a las mujeres se las somete más que nunca. Su protegido en Medio Oriente, Israel, estrangula Gaza, lanza incursiones letales en los "territorios" y prosigue la colonización de Cisjordania y Jerusalén.


¿Cómo se llegó aquí, a pesar de la ola revolucionaria de los años 60?
Con todo, hace cuarenta años, la rebelión de la juventud, de los pueblos oprimidos y de los trabajadores del mundo entero habría podido desembocar en el derrivamiento del capitalismo. El capitalismo en decadencia estaba amenazado tanto en los centros imperialistas (movimiento antiguerra y luchas negras en los Estados Unidos, resurgimiento de la lucha irlandesa, rebelión de la juventud en Alemania en 1967, lucha de la juventud en Japón en 1968, rebelión de la juventud y huelga general en Francia en 1968, huelgas en Italia en 1969, huelgas en Gran Bretaña en 1973, revolución en Portugal en 1974...) como en los países capitalistas dominados (rebelión de la juventud en México en 1968, guerra revolucionaria en Vietnam, huelga general en Argentina en 1969, resistencia palestina, guerra de independencia en las colonias portuguesas, efervescencia en Turquía en 1970, Asamblea Popular en Bolivia en 1971, crisis revolucionaria en Chile en 1973, revuelta de la juventud en Grecia en 1973, huelgas en Brasil en 1978, revolución en Irán en 1978, revolución en Nicaragua en 1979…).

Esta ola revolucionaria internacional cuestionaba al otro pilar del orden mundial, las burocracias privilegiadas que usurpaban el poder de los trabajadores en los países donde el capitalismo había sido expropiado (levantamiento de la juventud en China y comuna de los trabajadores de Shanghai en 1966, luchas estudiantiles en Polonia en 1968, crisis política en Checoslovaquia en 1968, levantamiento obrero en Polonia en 1970...).

Las luchas de los explotados y oprimidos fueron contenidas por la represión policial y militar, pero sobre todo fueron descarriladas por sus propios dirigentes, los partidos nacionalistas burgueses y pequeño-burgueses, las organizaciones reformistas y estalinistas. Todos esgrimieron contra la revolución proletaria el mito de "la nación" y de una "etapa democrática", la trampa del "frente único antiimperialista" con la burguesía nacional o del "Frente Popular" con la burguesía democrática que protegía la propiedad privada y el Estado burgués. Por ejemplo en Francia, el PCF, que en 1944-1945 había desarmado la resistencia y había proporcionado Ministros a De Gaulle, en principio denunció en 1968 el levantamiento de la juventud, luego negoció como dirigencia de la CGT con el Gobierno cuando los trabajadores impusieron la huelga general, y finalmente llamaron a la reanudación del trabajo y a las elecciones organizadas por De Gaulle.

De Gaulle se benefició también en 1968 del apoyo de Brezhnev, Mao, Ho, Tito y Castro, de todos los representantes de las capas privilegiadas y conservadoras que pretendían haber realizado el socialismo en su país, mientras reinaban de manera policial sobre países económicamente atrasados. Su origen común era la degeneración del Estado obrero en el único país donde el proletariado había tomado el poder, la Rusia resultante de la Revolución de Octubre. A falta de partidos equivalentes al Partido Bolchevique, las derrotas de la revolución en Europa y China habían aislado a la URSS y habían permitido en los años 20 a la burocracia estatal emanciparse del control de la clase obrera, destruir el partido revolucionario e instaurar un verdadero totalitarismo. La Internacional Comunista, creada para la revolución, pasó a ser durante los años 30, en manos de nomenklatura, un instrumento para las maniobras con la burguesía mundial y de contrarrevolución, que permitió la victoria de Hitler y de Franco, antes de disolverse como un obsequio a Roosevelt y Churchill. Los partidos "comunistas" se lanzaron al patriotismo, se dedicaron al culto a Stalin y a su jefe nacional, calumniaron a los revolucionarios y a sus propios disidentes, e instauraron la violencia en el movimiento obrero. La social-democracia había hecho asesinar a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches; el estalinismo asesinó a Grigori Zinoviev, Nicolai Bujarin, Andrés Nin, León Trotsky y Tha-Thu-Tau.

Ante la ola revolucionaria de los años 60 que amenazaba sus privilegios y su propia existencia, la burocracia del Kremlin y de sus satélites de Europa Central llevaron una campaña antisemita en Polonia en 1967-1968, reprimieron a la juventud polaca en 1968, reprimieron a la clase obrera y a la juventud en Checoslovaquia en 1968 (con la aprobación de Castro y Mao), ametrallaron a la clase obrera de Polonia en 1970 y la reprimieron en 1980 (multiplicando al mismo tiempo sus empréstitos con los bancos imperialistas). La burocracia de La Habana brindó en 1973 su apoyo al gobierno de frente popular en Chile (que incluía al general Pinochet) y condenó en 1979 toda tentativa de imitar a la revolución cubana en Nicaragua. La burocracia china, después de haber restaurado el orden entre 1967 y 1969 gracias a la policía política y al ejército, se irguió sobre su rival ruso en colusión con la burguesía norteamericana; Mao Zedong llegó a entrevistarse con Richard Nixon en pleno bombardeo norteamericano de Vietnam en 1972. Sus sucesores aplastaron de manera sangrienta el movimiento de los trabajadores y estudiantes de Pekín en 1989.

La IV Internacional había sido proclamada por los leninistas bolcheviques de los años 30 para solucionar la crisis de dirección revolucionaria del proletariado, causada por la traición de la II Internacional en 1914 y agravada por la III Internacional en 1933. Había comenzado a adquirir una base obrera en Estados Unidos, luego en Francia, Indochina, Ceilán, Bolivia... Después de la masacre de muchos de sus cuadros por el fascismo y el estalinismo, su dirección inexperta se reveló incapaz de hacer frente a la estabilización del capitalismo y al aparente triunfo del estalinismo; luego se alineó con la burocracia del Kremlin en 1951 en vísperas de las primeras revoluciones obreras contra éste (RDA en 1953, Polonia y Hungría en 1956). El pablismo provoca el colapso de la IV Internacional en 1952-53. El Comité Internacional de la IV, la fracción constituida por las secciones (francesa, norteamericana y británica) que habían resistido a la liquidación, se revela incapaz de reconstruir la IV Internacional y de funcionar de manera centralizada. Todos los epígonos de la IV Internacional devienen sirvientes de la burocracia estaliniana, de la socialdemocracia o del nacionalismo burgués. El empuje revolucionario siguiente, en los años 1960 y 1970, se encontró pues sin dirección revolucionaria, paralizado por el reformismo de los partidos "comunistas" y "socialistas", por el nacionalismo burgués y el nacionalismo pequeño-burgués, por el guerrillerismo maoísta y castrista, por el anarquismo y el centrismo seudotrotskista.

La clase obrera ha conocido un cuarto de siglo de retrocesos y derrotas
Gracias a las políticas nacionales de colaboración de clases y a las alianzas contrarrevolucionarias Washington-Pekín y Washington-Moscú, las clases dominantes retomaron la iniciativa bajo la dirección de la principal de entre ellas, la burguesía de los Estados Unidos: golpe de estado en Chile, invasión de Granada, Contras en Nicaragua, contrarrevolución de los ayatollahs en Irán, derrota de los mineros en Gran Bretaña, movimientos islamistas en Afganistán, carrera armamentista, etc.

La tasa de ganancia había descendido a partir de los años 60. Presionada por la crisis capitalista mundial de 1973, la burguesía se propuso eliminar todos los obstáculos que expresaban la tendencia a la socialización de las fuerzas productivas. Los Estados burgueses imperialistas llegaron a desmontar, en ellos, la parte fundamental de las conquistas sociales, y se adueñaron, en la URSS, en China y en los países de Europa Central, de la propiedad colectiva de los medios de producción.

Clausurando los antiguos bastiones obreros, reestructurando las empresas, desindexando los salarios, limitando el derecho de huelga, utilizando la presión del desempleo y la competencia de los trabajadores de los países dominados, abriendo mercados que se les habían cerrado y explotando a millones de trabajadores que se le escapaban debido a la propiedad estatal o cooperativa, y de la planificación y del monopolio del comercio exterior, el capitalismo mundial pudo corregir a partir de los años 1980 la tasa de ganancia. Las desigualdades aumentan, de Estados Unidos a China: un polo de la sociedad, el que vive del trabajo del otro, se enriquece y ostenta; otro, el que produce, se empobrece y sufre la precariedad.

Para tal fin, la burguesía pudo basarse en las burocracias estatales de origen estalinista y en las direcciones tradicionales de la clase obrera de los países capitalistas.

Las burocracias estatales y el reformismo se han sometido completamente al capital
Las burocracias usurpadoras, sujetas a la presión del imperialismo y enfrentadas al callejón sin salida del "socialismo en un sólo país", empeorado por su gestión autoritaria de la economía colectivizada, revelaron completamente su naturaleza de agentes de la burguesía mundial. La burocracia rusa negoció un acuerdo en Polonia con la Iglesia Católica en marzo de 1989, por medio del POUP y de la dirección del sindicato Solidaridad, y autorizó en noviembre de 1989 la absorción de la RDA por el Estado imperialista alemán. Luego la burocracia desmontó la URSS en 1991 y Yugoslavia en 1992, restauró el capitalismo a partir de 1991 en Rusia (con la “terapia de choque” de Boris Yeltsin) y a partir de 1992 en China (con el “socialismo de mercado” de Deng Xiaoping).

En estos países, los miembros de la burocracia echaron mano de las empresas y formaron una verdadera clase capitalista con los jefes de las mafias; otros elementos, relegados del saqueo, se reconvirtieron en partidos políticos que van del fascismo a la socialdemocracia. Las trabajadoras y los trabajadores de estos países sufrieron en adelante la explotación y la precariedad. Además el proletariado recibió un golpe fundamental a escala mundial ya que los hechos parecieron darle la razón a los capitalistas y a sus agentes (sacerdotes, universitarios, periodistas, políticos burgueses y reformistas, burócratas sindicales...): no serviría de nada de tomar el poder, el socialismo estaría condenado al fracaso, el capitalismo sería el único sistema posible, sería necesario adaptarse confortándose con el patriotismo o la religión.

Los partidos "comunistas" de los países capitalistas perdieron la base material y política que los diferenciaba de los partidos "socialistas". Su deterioro y su decadencia que son irreversibles, están destinados a desaparecer o a integrarse a la social-democracia, o incluso a partidos burgueses (como el PD en Italia). Las antiguas guerrillas evolucionaron hacia el bandolerismo o depusieron las armas convirtiéndose en pacifistas, en socialdemócratas o en políticos conservadores.

Los aparatos corrompidos de los sindicatos sabotearon sistemáticamente los movimientos de los jóvenes y los proletarios, impidieron la huelga general y negociaron todas las medidas antiobreras con el Estado burgués y los patrones.

Los antiguos partidos estalinistas y los partidos laboristas o socialdemócratas abandonaron generalmente toda referencia a la lucha de clases y al socialismo. Los que se atribuían erróneamente, en el período anterior, el mérito de las concesiones arrancadas a la burguesía, se hicieron cómplices de la reacción, de los ataques contra los trabajadores. Los partidos reformistas, cuando accedieron al Gobierno, procedieron a una política de la misma naturaleza que la de los partidos burgueses: privatizaciones, desmantelamiento de los regímenes de jubilaciones y asignaciones de desempleo, flexibilidad del empleo, del tiempo de trabajo y de los salarios, apoyo a la constitución de grandes grupos capitalistas nacionales, des-fiscalización de las rentas altas, etc.

Su ala izquierda los acompañó en su degeneración. Si algunas sectas izquierdistas huyen de la participación en las luchas de las masas, abandonan los sindicatos, se abstienen en las elecciones, la mayoría de las corrientes centristas que sobreviven se hundieron en el oportunismo: llamamientos a la ONU y entusiasmo por el “altermundismo", por los Foros sociales y otros por ATTAC; ilusiones en el mejoramiento del capitalismo a través de la división de las rentas y del estatismo burgués; consigna sistemática de Asamblea Constituyente; apoyo político a representantes de la burguesía (Chávez, Aquino, Chirac, Obama, Bhutto, López Obrador, Nasrallah, Lugo...); concesiones al islamismo; participación en Gobiernos burgueses (en Nepal, en Brasil...). La mayoría aceptan la solución de dos Estados para Palestina, lo que equivale a ratificar la colonización israelí junto a un bantustán palestino bajo control económico y militar de Israel.

Las organizaciones "de extrema izquierda" se integraron generalmente a los aparatos contrarrevolucionarios de los sindicatos reformistas y a veces crearon sindicatos vinculados por múltiples vínculos a la patronal y al Estado burgués (organizaciones de piqueteros en Argentina, sindicatos SUD en Francia...). En paralelo, los revisionistas del leninismo-trotskismo liquidan a menudo sus propias organizaciones: creación de partidos que rechazan los soviets, la insurrección y la dictadura del proletariado (PSOL en Brasil, Respeto en Gran Bretaña, SA en Australia, PAC y PT-POI en Francia, SSP en Escocia, BE en Portugal...); ilusiones en los partidos reformistas existentes (LP en Gran Bretaña, PT en Brasil, DL en Alemania, PRC en Italia, IU en España, PCL en el Líbano...); adhesión a partidos burgueses (Verdes en Alemania, PRD en México, MDC en Zimbabwe, PSUV a Venezuela, PPP en Pakistán...).


¡Proletarios de todos los países, unámonos, levantemos la bandera roja manchada por el estalinismo y abandonada por el reformismo!

Ahora bien, la burguesía perdió su carácter progresista, incluso en los países que no conocieron una revolución democrática. En la época del imperialismo, ninguna fracción de la burguesía, ningún partido burgués podría orientar la economía hacia la satisfacción de las necesidades sociales, en vez de a la búsqueda del beneficio. Ninguna política de los Estados nacionales, que sea "liberal" o "keynesiana", podría impedir el deterioro del planeta, el aumento de desigualdades, el desempleo, las crisis económicas. Ninguna concertación entre Estados burgueses, ningún organismo internacional resultante de sus compromisos limitará las intervenciones de las potencias imperialistas en los países dominados, ni las rivalidades entre ellas.

No obstante, la burguesía no desaparece por sí misma de la escena de la historia. Clase explotadora, ella conduce la vida económica: al comprar la fuerza de trabajo de los proletarios, controla el proceso de la producción y dispone del producto del trabajo social, lo que le permite apropiarse de la plusvalía, la diferencia entre el valor del producto y el valor de la fuerza de trabajo. Además es la clase social hegemónica: en tiempos ordinarios, gobierna y sus ideas son también las ideas dominantes. Una forma de este poder social, perfeccionada durante la fase imperialista, es la integración y la corrupción de las organizaciones de las que se dotan los oprimidos y explotados, en primer lugar los aparatos del movimiento obrero (partidos reformistas, burocracias sindicales).

Corresponde al proletariado, la clase cuyos intereses son antagónicos a la burguesía, expulsarla, y, sobre la base de esta revolución mundial, sentar las bases de un modo de producción superior, el socialismo. Sólo la clase obrera, cuyas filas aumentaron considerablemente en América Latina y sobre todo en Asia, puede abrir una salida a la humanidad, poniéndose a la cabeza de todos los oprimidos y todos los explotados del campo y la ciudad, constituyendo sus órganos democráticos de lucha y centralizándolos, derribando al Estado burgués, tomando el poder, expropiando a los grandes grupos capitalistas, extendiendo la revolución, colaborando con los otros gobiernos obreros que aparecerán. Así se reunirán las condiciones para el socialismo: desarrollo de las fuerzas productivas, planificación por los productores asociados, supresión de las fronteras, desaparición de las clases sociales y del Estado.

Las valientes resistencias de los obreros, de los empleados, de los campesinos, de los estudiantes, de las mujeres, de los pueblos oprimidos, no faltan en los países imperialistas, incluyendo a los Estados Unidos, así como en los países dominados, en particular en América Latina, y en los nuevos países capitalistas, incluida China. A pesar del régimen policial del PCCh, los nuevos batallones del proletariado mundial, las obreras y los obreros chinos que los apéndices reformistas de las burguesías imperialistas presentan como enemigos de los trabajadores occidentales y japoneses, multiplican las huelgas y las manifestaciones.

Para vencer, las trabajadoras y los trabajadores deben no sólo luchar contra los patrones, los gobiernos a su servicio, los cuerpos represivos, sino también superar los obstáculos que siembran los agentes de la burguesía, que los supeditan a la burguesía, a sus propios explotadores. Necesitan su partido, un partido distinto del nacionalismo, el reformismo y del centrismo. Basados en la teoría de la revolución y la emancipación que es el marxismo, los elementos más conscientes de los trabajadores y de la juventud deben reunirse en tal partido.

¡Evacuación inmediata de todas las tropas imperialistas de Irak, Afganistán, el Líbano, Haití, Costa de Marfil, Chad, Kosovo...! ¡Cierre de todas las bases militares norteamericanas, francesas, británicas...! ¡Fin de las amenazas contra Irán y del bloqueo contra Cuba y Corea del Norte!

¡Respeto por las lenguas de las minorías nacionales, libertad de separación para las minorías nacionales! ¡Derecho al regreso de los refugiados al territorio de Palestina! ¡Destrucción del Estado colonial sionista para una Palestina laica, socialista, que garantice los mismos derechos a los judíos y a los árabes!

¡Derechos iguales para mujeres y hombres! ¡Separación de las religiones y el Estado! ¡Libertad de circulación y establecimiento para todos los trabajadores del mundo! ¡Los mismos derechos para todos los trabajadores, sin distinción de género, nacionalidad u orientación sexual!

¡Ajuste de salarios y pensiones según los precios! ¡Disminución del tiempo de trabajo para suprimir el desempleo! ¡Control de los trabajadores de las ciudades y del campo sobre la producción, la distribución y el crédito! ¡Expropiación de los grandes propietarios de tierras y de los grandes grupos capitalistas, nacionales y extranjeros!

¡Derogación de todas las leyes contra los trabajadores inmigrantes, las huelgas, los sindicatos, los partidos obreros! ¡Autodefensa contra las bandas armadas del capital (policía, ejército, fascistas, vigilantes, islamistas...)! ¡Disolución de los cuerpos represivos!

¡Ruptura de las organizaciones procedentes de la clase obrera, partidos y sindicatos, con los patrones, los gobiernos burgueses, el Estado! ¡Autoorganización de las trabajadoras y los trabajadores (comunas, soviets, consejos, shoras, cordones, asambleas populares...)! ¡Gobierno obrero y campesino, poder de los trabajadores! ¡República mundial de los consejos obreros!

1 de mayo 2008


COLECTIVO REVOLUCION PERMANENTE

c_revolucionpermanente@yahoo.es

http://www.revolution-socialiste.info/CoReP.htm

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