2 mar. 2009

EDITORIAL

(Tribuna Clasista Nº 4 - feb 2009)

Parece haber transcurrido mucho más de 4 o 5 meses desde que sectores obreros y populares mantuviesen en zozobra al gobierno en todas partes. La huelga médica, las luchas sindicales de Nestlé o Papelera Atlas, de los gremios de docentes y estudiantes universitarios, los paros regionales, los levantamientos en la Amazonía y en Canchis - Cusco, las movilizaciones campesinas, todo con el telón de fondo de la crisis de corrupción ministerial y del máximo desprestigio del gobierno aprista sostenido por el fujimorismo, Unidad Nacional y UPP.

La sensación de lejanía obedece a que esa situación, de características pre-revolucionarias, se esfumó raudamente en los meses siguientes, cuando la dirigencia de las organizaciones más importantes de las masas priorizó como siempre la conciliación y la tregua al gobierno, en este caso a su nuevo mascarón de proa Yehude Simon. Es lo que ha venido sucediendo desde los tiempos de Toledo, a quien año tras año se le perdonó la vida en lugar de derribarlo, pues las cúpulas de la CGTP y la izquierda declaraban “no querer que el gobierno fracase”, mientras esperaban poder sacar partido particular de las elecciones del 2006.

Esta tradicional política de colaboración práctica con los partidos burgueses y su régimen, necesita imperiosamente de dos tipos de medidas que la burocracia sindical y política está acostumbrada a implementar. Unas son las medidas de 1 día, como el Paro Nacional del 9 de julio o la “jornada de lucha” del 7 de octubre, con las que se busca aparecer como una dirigencia combativa, pese a que el carácter testimonial y castrante de estas medidas les quita auténtico valor para la acumulación política de las masas. Otras son las operaciones electoralistas entre jerarquías, como la Coordinadora Político Social y la Asamblea Nacional de los Pueblos.

La CPS ha pretendido ser una nueva Izquierda Unida de contubernio reformista – nacionalista burgués, promovida por el PC, Patria Roja y sus satélites. Sin embargo, y pese a ser aclamado por el reformismo como su nuevo líder, el represor Ollanta Humala no ha dudado en desinflar las ilusiones de esa izquierda procapitalista, señalando que a lo más cederá algunos cupos parlamentarios en la lista del PNP.

La Asamblea Nacional de los Pueblos, proyecto publicitado como un organismo que represente a todo el movimiento obrero y popular, viene siendo desde ya una nueva operación burocrática sin participación de las bases en lucha, sin ninguna pretensión de enfrentar a la clase dominante para derrotarla, y además pensada explícitamente para integrar a “pequeños y medianos empresarios” y a “ONGs”, “sin renunciar a la democracia representativa” capitalista. En realidad, esta ANP está pensada como un nuevo armazón electoralista 2010 - 2011, indispensable para los aparatos oportunistas tradicionales, hoy débiles.

La clase obrera y el pueblo necesitamos nuestra Asamblea Popular, pero como organismo de poder. Sólo construyendo ese poder unitario de los explotados, desarrollándolo en todo el país y planteándonos derribar el dominio de la burguesía, todas las luchas sectoriales de las ciudades y del campo pueden encontrar sentido, y todo sacrificio tener una perspectiva de victoria. Impulsando la formación de asambleas populares con democracia proletaria, de sus destacamentos de autodefensa contra la represión policial y militar, exigiendo la huelga general indefinida, levantando un programa revolucionario en torno al cual crear una organización política revolucionaria de los trabajadores, que hoy no existe. Pero no malgastando y desviando las luchas hacia el callejón sin salida de la conciliación con el gobierno y del seguidismo electorero al nacionalismo burgués, bajo consignas como la Asamblea Constituyente o la Revocatoria Presidencial.

Tribuna Clasista invita a los grupos, compañeros y compañeras combativos, que consideren tener coincidencias básicas con nosotros, a que se expresen en esta revista. En este número publicamos el documento de los compañeros del “Movimiento por un Partido de la clase trabajadora de la ciudad y el campo”, que levantan una plataforma con demandas importantes.

Sin embargo, el documento tiene una orientación general hacia “la nación”, que no podemos compartir. No son “la nación” - que incluye a la clase dominante – los explotados que un partido de los trabajadores debe representar; son las masas oprimidas por el imperialismo y la burguesía lacaya. Es el frente único proletario el que debe ponerse en práctica para encarar al enemigo, y no algún frente único con eventuales sectores burgueses que puedan esgrimir una demagogia “antiimperialista”. La estrategia de la revolución proletaria impone la más estricta política de independencia de clase, si los trabajadores queremos unidad, fuerza y victorias. Es con la política revolucionaria que se marcha a la organización de un partido, sin contemplar únicamente reivindicaciones de carácter democrático o económico limitado, ni organizar políticamente a los trabajadores alrededor de una u otra fracción minoritaria de las burocracias sindicales.

Febrero 2009

2 comentarios:

oscar dijo...

mis respetos por trabajar por desarrollar esa independencia politica de clase, para su liberación real de los asalariados a escala mundial. saludos

Tribuna Clasista dijo...

Saludos compañero, discutamos políticamente y luchemos juntos para construir esa alternativa; puedes escribirnos al correo de la revista.